Ahora

No se puede andar así, no es justo para ninguna.
Saber lo que se quiere y terminar con lo indeseable,
Error de cálculo, ingenuidad perpetua, fragilidad caótica.
Ya no más, ya basta. Ahora tienes una mujer al frente.

Bob Marley – "La mayor cobardía de un hombre es despertar el amor de una mujer sin tener la intención de amarla."

Bob Marley – “La mayor cobardía de un hombre es despertar el amor de una mujer sin tener la intención de amarla.”

La que no se deja manipular con palabras prestadas ni trucos de prestidigitación. La que tiene las razones muy claras y la consciencia tranquila. La que venció al temor de enfrentar los miedos y el rechazo, y no mira hacia atrás porque ya lo tiene superado. La que plantó cara a sus peores enemigos, en medio del machismo, la violencia y la presión social. Aunque en su corazón escondió por mucho tiempo las heridas que quedaron como quien esconde el polvo debajo de la alfombra, tras la fachada de la vanidad, la rutina y la estabilidad. La que parecía endeble ya no lo es más. A ella, la que tantas veces desesperó en soledad ahora está en paz.

Una mujer, una mujer de verdad, no se deja manipular. Quien es libre no se deja enredar por cuentos, no dramatiza ante las posibles amenazas ni pierde el tiempo con quienes no le ofrecen más que un rato ameno. Si es libre, está en el camino de alcanzar lo que busca, o quizás ya lo tiene sin saberlo. Y nadie, entonces, podrá arrebatarle esa motivación adquirida. ¿Para qué perder el tiempo con niños que piensan que todo lo que quieren lo pueden tener? ¿Para qué tropezar más veces con la misma piedra? ¿Para qué creer más de una vez en falsas promesas? ¿Expectativas? Ni una más, ¿Víctimas? Ni una menos.

Montt – ¿Y cómo sabes que en realidad te quiere? –Me lo demuestra constantemente.

Montt – ¿Y cómo sabes que en realidad te quiere? –Me lo demuestra constantemente.

Ninguno es más, ni tampoco menos. Ninguna debe ser dejada de lado, sus voces no deben ser silenciadas. Ante el daño, pueden escoger -siempre pueden- si merece la pena humillar y soportar, o si toca dejar los platos sucios y que limpie otra, pues qué más da. Para qué creer en cambios que no nos corresponden, para qué poner más en algo que debe ir parejo. No podemos ir quemando nuestra vida en discusiones sin sentido, hay que escoger las batallas que queremos lidiar. Si sientes que no te entienden, que pasaron los años pero que no has aprendido a superarlo. Si sientes que ningún lugar es tú lugar. No pienses más. Siente, y se objetiva, no te creas lo que los demás quieren que creas. Y vuela, no temas, no estarás más en soledad.

Liniers – Te regalaría la luna y las estrellas. Nunca gastás un peso, Osvaldo.

Liniers – Te regalaría la luna y las estrellas. Nunca gastás un peso, Osvaldo.

Ahora es el momento, no tienes por qué aguantar más. Los mártires quedan en la inmortalidad de los libros historia, pero también aquellos que supieron vivir a su manera. No entregues más tu corazón a cualquier cara bonita ni cuerpo de gladiador, sino que tarda en descubrir el verdadero sabor de un sentimiento real. Y para diversión, ya sabes, ya no te creas los cuentos de hadas, eso no va a pasar. Me lastima, me quema por dentro. No es normal, ya no escucho a mi corazón. Son historias para hacer llorar a las chicas. No me atrevo a creerlas, ya no soy una niña…

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Corcho

De copas y corazones,
reyes y reinas sin colores.
Las cartas sobre la mesa
y dos que no podrían ser.

Ulises Sánchez – Nadie podía entender cómo era posible que, conociéndose tantos años, tantos rincones del alma, hayan decidido ser sólo amigos. Y es que pocos entenderían que encontraron en la amistad un lazo irrompible, algo tan puro e inmaculado. Pocos entenderán que entre la amistad de un hombre y una mujer también hay amor.

Ulises Sánchez – Nadie podía entender cómo era posible que, conociéndose tantos años, tantos rincones del alma, hayan decidido ser sólo amigos. Y es que pocos entenderían que encontraron en la amistad un lazo irrompible, algo tan puro e inmaculado. Pocos entenderán que entre la amistad de un hombre y una mujer también hay amor.

¿Hasta cuándo existirá esta asincronía entre los dos? -ella se preguntaba-. ¿Hasta cuándo aparecerán las malditas puertas que se cierran en la cara? ¿Cuándo se detendrá esta mala racha de rechazos inconscientes y de miedos predominantes? ¿Habrá lugar para las respuestas? -cuestionaba con desesperación-. Y es que, con los años, solo le quedaba la insaciable curiosidad, las ganas de obtener la respuesta a todas aquellas interrogantes que no se atrevía a compartir por temor a no ser correspondida. El miedo al “no me entiendes”. Y mientras más pasaba el tiempo, las preguntas seguían acorralándole en miradas, en palabras ambiguas de misterio infinito, dejándole sin poder encontrar respuestas por su cuenta. Cuando se juntaban, compartían como dos víctimas de la misma enfermedad. Un par de locos que caminaban por horas para entender que, quizás, en este laberinto, las respuestas se encuentran adentro, en lo propio: Algo tan tuyo que solo puedes dar a quien tú quieres, cuando quieres de verdad.

Entre botellas de vino y fiestas, compartieron en incontables noches sus aventuras y recuerdos. De pronto, un juego peligroso empezó mientras ella sonreía como la primera vez que se vieron. Ella empezó a desnudar sus emociones pasadas con una precisión forense, sembrando así la intriga, mordiendo la fruta del pecado y compartiéndolo. Se veía delicioso. Él intentaría acercarse, con caricias y confesiones, hasta recibir el primer “pero”. Y por pensar las cosas, él se dio cuenta de que avanzar se iba a convertir en retroceder, lo cual no es coherente. De pronto, se miraron a los ojos y fueron incapaces de ver lo que construyeron todos estos años. Delante de ellos yacía un puente que, por haberse fijado en ese origen mágico con un final no tan feliz, amenazaba con caer. Después de todo, no se podía vivir mirando hacia atrás. Pese a ello, como queriendo huir de la realidad, entre sonrisas y copas, él se llevó el corcho y ella la botella. Ella ambicionando más y él conformándose con lo mínimo. Ella sonreía, eso era suficiente. La alegría de volver a verse como dos que alguna vez pudieron ser y nunca fueron -o tal vez sí-.

Y, viste como es – Cruzás a través de una gran multitud. Sin darte vuelta, tirás la mano para atrás y esperás. Ella la toma. No se pierden nunca más.

Y, viste como es – Cruzás a través de una gran multitud. Sin darte vuelta, tirás la mano para atrás y esperás. Ella la toma. No se pierden nunca más.

No hay nada más que aclarar cuando la historia acaba sin siquiera haber empezado. Ya no hay nada más, excepto, caminar juntos por nuestros senderos. Y mientras decidan alegremente andar cerca del otro, se recibirán con el corazón en escucha, sin atreverme a más que regalarse sonrisas y sinceridad. Ella no se daba cuenta, el misterio se acababa cuando le hacía sonreír como nadie más lo hizo en su vida. Después de todo, pese a no estar predestinados, son conscientes de que juntos así se está muy bien.

Liniers – Lorenzo y Teresita – Che, Lorenzo, ¿Hay algo que me quieras decir? – No… ¿Por?

Liniers – Lorenzo y Teresita – Che, Lorenzo, ¿Hay algo que me quieras decir? – No… ¿Por?

Yo confieso, ante un “Dios” no tan poderoso, que si tú me brindases la paz que tanto necesito, yo sería capaz de entregarte mi corazón sin burocracia alguna. Porque eso es lo que necesito ahora, sin preguntas ni nostalgias, aunque no seas capaz de verlo. Sin embargo, si continuases con la distancia, yo seguiré con el misterio, y sólo sabré mantenerme al margen mientras la incertidumbre entre tú y yo nos dice cómo armar lentamente este rompecabezas de amor. Y mordiéndome la lengua, en la desesperación, diré tardíamente que ♫lo único que me calma es tu voz atendiendo el celular, contestando un “hola amor” que me hace acordar que tengo hogar.

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No + No = Sí

No tenía ni idea de cómo sucedió hasta que me di cuenta:
Ya no podía escapar más de ti

Liniers – Hoy, simple (chuic)

Liniers – Hoy, simple (chuic)

Eran dos testarudos tratando de ocultar sus sentimientos. Ellos vivían compartiendo canciones con letras profundas camufladas en simple cultura musical. No se arriesgaban a dar un paso más. Fueron tantas las veces que se negaron la oportunidad de mirarse a los ojos que ya las puertas que otros pugnaban por abrir parecían cerradas. Desprecio recíproco por defecto. Y es que eran dos que buscaban lo perfecto sin siquiera percatarse de que lo que tenían en sus manos era más que suficiente. Si tuvieran que simplificar, como en un problema de álgebra, la ecuación de sus corazones, lo único que se quedaría en ambos lados sería el cariño mutuo; y esa disposición infinita a estar pendientes sin parecerlo. Este era un par que no parecía estar a la altura de lo que sus mismas emociones ya se encargaban de hacer notar. El amor en silencio.

Mario Benedetti – La Tregua – No sé, tengo como la sensación de que es la única persona con la que podría hablar de ciertas cosas, con la que no me cansaría de verla cada mañana al despertar, y la conozco. La conozco. Sé cuántos lunares tiene en la cara, que se arregla el pelo cuando está nerviosa, que la rutina le aburre a muerte, que cruza la pierna izquierda sobre la derecha. Bueno, yo creo que eso es estar enamorado, ¿no?

Mario Benedetti – La Tregua – No sé, tengo como la sensación de que es la única persona con la que podría hablar de ciertas cosas, con la que no me cansaría de verla cada mañana al despertar, y la conozco. La conozco. Sé cuántos lunares tiene en la cara, que se arregla el pelo cuando está nerviosa, que la rutina le aburre a muerte, que cruza la pierna izquierda sobre la derecha. Bueno, yo creo que eso es estar enamorado, ¿no?

Enamorarse no era hacerles caso a las circunstancias, ni siquiera a todos aquellos que auguraban algo bonito entre estos dos. Enamorarse era quitarse las vendas, despedirse de los peros y aprender a fusionar libertades a todo nivel. Tal vez lo más difícil no era reconocer el amor, sino, reconocerse a sí mismos en medio de él. Y es que cuando dos se quieren de este modo, es difícil distinguir entre la amistad sin límites y todo aquello que significa amar en libertad. Cuando uno tiene miedo de perder es porque más posibilidades siente de ganar. Cuando uno teme lastimar es porque más debería de entregarse. Y así avanzar, conociendo al extremo de reconocer en el otro cada punto débil sin aprovecharse. Así sólo cuidar cada paso, aunque sea a la distancia, y tener el control remoto sólo para compartir emociones, recuerdos e ilusiones. Como un domingo de películas bajo la manta, así proyectar sus días.

Mario Benedetti – Te quiero – Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo. Y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.

Mario Benedetti – Te quiero – Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo. Y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.

Yo no podía verte porque estaba cegado. Buscaba más en todo lo imposible que en cualquier posibilidad que ya sea parte de mí. Y tú ya estabas en mí como yo en ti. No podía sentir tu cercanía como algo más, sabiendo incluso que hay algo más. Y mientras caminaba más lejos de ti y me apartaba de este sentimiento, también te apartaba de mí porque yo creía que tú merecías a alguien más. Tú así me lo hacías sentir. Siempre dejándome de lado, dejando un corazón con puntos suspensivos. ¿Cómo podría entregarme sabiendo qué merecías lo mejor? Más aún, ahora que esta parte de mí que se atreve a enfrentar el rechazo, te recuerda estoicamente que todo este tiempo solo he aprendido a tocarte con el corazón.

No hacía falta buscar más. Ya fue suficiente. No hacía falta caminar otra vez en el desierto, ni tampoco escribir con sangre en soledad. Ya no había que renegar más por el destierro ni tampoco jactarse de la frialdad en el amor. Lo de este par fue, sin duda, un amor que no estaba listo para soportar los peros y que sólo necesitaba echarse a andar. Incluso si es que estos dos fueran en direcciones opuestas, esta era la única manera de poder descubrirse. No habían conocido el amor de esta manera, ni tampoco les quedarían más formas de amar después de ésta. Entonces ella respondió si te alejas de mi yo caminaré tras de ti…

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