Abrazo imaginario

Es increíble que haya sucedido pero, al mismo tiempo, era de esperarse: siempre estuviste cerca de mí. Incluso cuando el silencio parecía apagar la llama de nuestra amistad, bastaba un saludo para que ese incendio llamase la atención de cualquiera que nos conociera, aunque tú y yo no sintiéramos nada. Todo parecía sencillo, entre bromas y juegos, al principio, para luego pasar a temas más serios y darnos cuenta de que habíamos crecido. Abrimos los ojos y vimos que esa ridícula parodia de querernos por error se podía convertir en una realidad tan palpable como lo es ahora este vacío desde que no estás aquí.

Bastó que me abrazaras para darme cuenta de mis verdaderos sentimientos y así dejar que entraras en mí. Caer a tus pies, en una entrega silenciosa, secreta, en un lugar ajeno a nosotros. Pues solo entre tus brazos eras capaz de hacerme sentir como en casa, en paz, en calma. Esa parecía la clave, el acercamiento, el haber roto las distancias y vencer así esa estúpida cifra en tiempo y espacio que nos separaba. Solo una ilusión, fue entonces, fugaz y engañosa.

Liniers: ¿Abrazo? Ya está bien

Liniers: ¿Abrazo? Bueno, está bien

Necesitaba cada vez más, más de ti. Esto se tornaba en una adicción que me seducía y me enloquecía, una experiencia increíble: Tus besos, tu piel. Aunque tal vez no era capaz de dar tanto de mí como tú sí lo hacías conmigo, me enseñaste con tu paciencia a desenredarme de mis problemas, me guiaste y ayudaste incluso cuando no me daba cuenta. Solo preguntaba abiertamente: ¿por qué haces tanto por mí? … y me asusté creyendo que esperabas que hiciera tantas cosas como tú las hacías. Me dejé vencer por esos miedos, a los cuales día a día te enfrentabas en mi lugar. No supe entender que solo te bastaba un abrazo para ser feliz… y te culpé por tu silencio, por actuar de manera distinta… y me alejé de ti.

Confiaba en que siempre podrías ver mis sentimientos pese a todas esas barreras que ponía entre tú y yo, con esos súper-poderes que tanto me cautivaban. No me daba cuenta de que en realidad te estaba alejando, que era necesario ponerme de tu lado y escuchar un poco aquel silencio tan tuyo en lugar de reclamarte simplemente. Pese a que lograba notar que te lastimaba, solo fui capaz de ver que eras tú quien había cambiado, en ese egoísmo que no pude reconocer a tiempo y que tanto sentías.

Y es que solo esperaba que tú estuvieras para mí, en esa disponibilidad divina: omnipresente, fiel oyente. La única persona –hasta ahora– que entró al secreto rincón de mi corazón, con esa fuerza y seguridad, cambiando mi manera de querer, atreviéndome a más, locura tras locura, sueños e ilusiones, haciendo realidad aquel juego secreto que nadie más entendía. Por eso me aferraba tanto a ti y aunque amenazabas con irte no creía que serías capaz.

Hasta que el Apocalipsis de nuestro cuento para dos llegó, ese episodio que tanto me reprochaste y que yo no quería creer. Tú te alejabas de mí porque yo no estaba nunca para ti. No eran los kilómetros entre tú y yo, tampoco esa forma de pronunciar que tanto te divertía. Simplemente, parecía que ya no sentías lo mismo por mí que antes y yo ya no podía quererte igual. Sin embargo, bajo esa cortina de humo, desnudaste a aquella persona de la que me enamoré y, antes de partir, un último abrazo me diste y desapareciste.

Todo este tiempo sin tener noticias tuyas he tenido que sobrevivir a mi manera, reemplazando tus detalles por ‘souvenirs’ de lugares en los que nunca he estado, saliendo con personas que son incapaces de entenderme como tú lo hacías, viendo en las calles gente que hablaba como tú, con una ilusión absurda de percibir tu perfume otra vez cerca de mí. Aterrándome con la enfermiza idea de que algo te podría pasar y yo ya no estaré contigo para cuidarte o acompañarte. Negándome, día tras día, a coger el teléfono o a escribirte como lo hacía antes, para esta vez descubrir mientras estoy en clases que fuiste tú de quien más he aprendido a lo largo de estos años, aunque eso no le interese al profesor. He imaginado tus consejos sobre mis problemas en el trabajo, o tan solo esa capacidad de no aburrirte con mis líos laborales, ya que ahora tengo que soportarlos por mi cuenta. He tenido que aprender a disipar las nubes negras que me atormentan cuando siento que ya no volverás, a borrar las huellas que hasta hoy dejaste en mi piel, a bloquear esos recuerdos de ti, directos e indirectos, y a ponerle ‘skip’ a tantas canciones que me dedicabas sin que entendiera qué querías decirme, y que solo por venir de ti, me gustaban tanto. Finalmente, como decía aquella frase: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Yo aprendí tanto contigo que, aunque me negaba a vivir sin ti, ahora no tengo más remedio. Y en las noches ya no veo en el cielo aquella luna sonriente que me regalaste, no siento ese dulce suspiro que me acurrucaba para dormir ni aquel calorcito de un abrazo imaginario. Ya no estás más.

Luna Sonriente

Luna Sonriente

Conclusión:

Como en los ‘Cassettes’ de audio antiguos, este es el “Lado B” de una radionovela muy especial, una que parte con un abrazo virtual y termina todas las noches con la negación de un abrazo imaginario. Una historia que probablemente cada uno puede identificar en sus vidas cuando esa persona, tal vez ese ‘Primer Amor’ del que hablaba el post anterior, nos muestra su perspectiva y queda en nosotros el ser capaces de comprender no solo nuestra versión sino la historia completa, la que se compone siempre de dos versiones. Solo así podremos sentirnos liberados del fantasma del dolor y del pasado, porque con la comprensión seremos conscientes de que hicimos lo correcto. Mientras más logremos comprender dicho lado, será más fácil que podamos depurar nuestros propios errores y rescatar nuestros aciertos, solo así creceremos. Con toda esa reflexión tal vez podamos evitar decir algo que a veces sentimos y que realmente no es tan cierto: ♫ creer que es más fácil para ti el dejarme ir…


Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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13 respuestas a Abrazo imaginario

  1. Carlos dijo:

    me emocioné hasta las lágrimas con esta entrada!!!

  2. Less dijo:

    Despues de esto , ya se que es lo unico que quiero No quiero dejarlo ir puede ser que me arrepienta y no vuelva a encontrar a la persona con esa esencia particular que yo amo.

  3. Me encanta esta historia. Trae recuerdos de situaciones que quizá tome mucho tiempo para que sucedan de nuevo. Y ese abrazo imaginario creo que también lo necesito… ¡Saludos!

  4. Pingback: Realidad virtual | Nadie Nos Entiende

  5. Daniela Garagatti dijo:

    Muy linda historia,casi o mejor dicho lloré, es que soy romántica, ya lo sabes…te mando un abrazo imaginario 🙂

  6. Esas nubes negras… Q doloroso!

  7. te envío un super abrazo hoy!!!

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