La Adolescencia (aquel punto de vista)

Dentro de mis amigos más cercanos se encuentra una señorita especial cuya sensibilidad me sorprende en cada encuentro. Pese a cargar con una gran cruz, siempre que la veo me saluda con una gran sonrisa e, incluso, siempre trata de ser cupido en mi vida pues, bajo su criterio, yo no debería estar sin pareja –menuda admiración me tiene–. Además, me cuenta sus problemas a pesar de su corta edad. Su punto de vista, lleno de ilusión y lucha máxima en cuanto al amor, me hace recordar mi propia entrega durante aquella etapa complicada y pocas veces comprendida llamada adolescencia. Periodo que muchas veces se dilata por inmadurez o por carecer de buenas compañías que nos aconsejen para salir y adelante y no ‘adolecer’ de pasiones incomprendidas.

¿Y quién no se ha enamorado en ese periodo? O, al menos ¿quién no sufrió por un difícil amor? Veamos: Empieza la curiosidad, esa atracción por lo opuesto, incluso lo prohibido. Ella me contó que, como muchas adolescentes, siente curiosidad por aquel ‘chico malo’ de la clase. El típico rebelde sin causa, antisistema, el popular y respetado del grupo. ¿Cuál es la razón? Esto se ve en tantas películas como la popular “Tres metros sobre el Cielo” –que, por cierto, no me gustó– o la onda vampiresca de la saga “Crepúsculo” que no tiene sentido ahondar en fundamentos (Les dejo un artículo que lo explica). Lo que me preocupa, en todo caso, son los resultados, pues tengo claro que no siempre esas historias acabarán con un ‘y fueron felices por siempre’.

Tres metros sobre el Cielo

¿A Tres metros sobre el Cielo? No: cuanto más alto subes, más daño te haces al caer

Bajo ese punto, traté de aconsejarle que no se involucre tanto porque más adelante la pasión y la inexperiencia podrían hacerle pasar por una mala temporada. Le conté el caso de una amiga que ahora culpa a aquel chico de ese estilo de vida del cual ella se enamoró y cómo termina siendo absurdo echarle la culpa al susodicho cuando ella supo siempre a lo que se metía. Le expliqué de los rencores que algunos arrastran tras estas aventuras espinosas, que no son nada buenos y que, si ocurriera, simplemente tomara la lección y siguiera adelante, pues no tiene que malgastarse la vida en darle más importancia a quien podría pasar de nosotros. Le dije que es en vano retener a alguien cuando ya no nos quiere (o tal vez que nunca nos quiso) y que solo la madurez, con su aliado el tiempo, nos permiten aprender de ello.

Liniers: Dices que tus intenciones son honestas pero parece que me escondes algo

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Al final de tanto sermoneo de ‘hermano mayor’ ella preguntó por mí en una inversión de roles atractiva. Y le conté con ciertos filtros mi paso por el laberinto amoroso y como sobreviví (o al menos eso creo). Omitiré mi resumen porque está claro que sería delatarme en el blog, pero les dejo su análisis (recuerden, es una adolescente)

“(…) Si tú aún estás enamorado y sientes que ella aún siente algo por ti: ¿por qué no sigues luchando? Si es ahora difícil viviendo cada quien por su lado: ¿por qué dejarla ir si ella te podría necesitar?” me increpó así, luego del cuestionario en el cual pudo entender que efectivamente extraño mucho a mi expareja. Y claro, bajo su lógica, o simple aritmética, si yo quiero que ella sea feliz y siempre fue feliz conmigo, ¿por qué ‘restarme’ de la ecuación? Y esos pensamientos me acompañaron camino a casa junto con esta canción de la canadiense Avril Lavigne (la que se puso de moda en mi adolescencia y le cantaba en aquel entonces al ‘sk8er boi’)

Aquella noche no pude dormir, se me quedó esa revolución juvenil en la cabeza: querer darlo todo por estar una vez más con ella aun sabiendo que estaba todo mal. En el análisis adulto uno debe compensar lo que uno quiere con lo que quiere la persona que queremos (menudo trabalenguas). Tal vez sea cierto que no haya “nadie quien la quiera como yo” pero sí existirá alguien que la quiera de la forma en que ella lo necesita: Lo justo. Existirá otra persona que le hará feliz, y que, después de todo, nos hará sentir que no fue una locura decir que no es una derrota cuando dejas a alguien libre y saber que está destinada a estar con alguien que no soy yo.

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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