Descarga III

Esto es algo que escribí en noviembre del 2007 y que lo publiqué en mi desaparecido messenger space, servicio del que no migré y que actualmente es WordPress. Me parece curioso que haya pasado casi por la misma situación en diferentes momentos, como si hubiera sido parte del pasado y parte del futuro, una profecía doble y despreciable –quizás–. El siguiente escrito no intenta defender ni auspiciar el mundo de las corridas de toros, es solo una metáfora desde lo que se vive dentro de una faena regular, más allá de cualquier argumento taurino o anti-taurino. Aquí les dejo: “La Tauromaquia está presente”

Botero - La Cornada

Botero – La Cornada

Es incontable el número de personas que está en contra de esta tradición y yo no voy a hacerles cambiar de parecer –ni tampoco deseo que intenten convencerme de que está mal–. Simplemente, escribo esto porque me han provocado y me siento identificado.

La vida te lleva a un coso, te lleva a enfrentarte a desnivel contra un rival que se ha preparado mucho para esta contienda. Llevas en tu sangre la naturaleza bravía y, con cada embiste, la capacidad de matar: no eres cualquiera. A veces, el ímpetu te lleva a pensar que puedes vencer, que no importa cuántos parecen oponerse a ti, aunque seas el centro de una batalla digna. A veces, guardas un pedazo de esperanza de vivir. La confrontación se dividirá en tres momentos: Después de haber conocido a tu rival y que este te haya enseñado a embestir, llega el tercio de varas. Es cuando te pican, cuando te provocan solo para medirte y dosificar tus fuerzas, dándote un par de puyazos en un evento sanguinario, tal vez innecesario. Es cuando te sientes paralizado por un solo golpe y pese a ello luchas para derribar a ese rival que se encuentra montado (picador). Luego de este castigo, tu enemigo mide si el daño ha sido suficiente en la suerte de capote, tras la cual pide al juez que pase al segundo tercio: Banderillas. Las que te son clavadas con engaños para avivarte, para causar que esa bravura en ti se potencialice y no dejes nada en el ruedo. Pese a ello, y similar a la humillación que solemos dar los humanos, sigues en tu pelea: Momento de enfrentar a tu rival, el torero y su muleta.

El tercio de muerte llega con un brindis. Tu rival se concentra porque cualquier tropiezo o movimiento errado le causaría la muerte. Un público ansioso observa desde los tendidos, entre vinos y ovaciones, mientras él con su muleta realiza movimientos finos y sincronizados, es la suerte de muleta. Confundido, te hallas porque no entiendes la figura, pero aprendes a obedecer a ese quien te dará la muerte. Tal vez te das cuenta de lo que sucede, pero ya es tarde, y solo queda morir de pie, con ese brío con el que saliste a la plaza, tratando de defenderte atacando a tu victimario. Luego llega la hora: él cambia la espada de apoyo por el estoque y tú te preparas para el último trote. Así finaliza muchas veces una batalla, programada aunque siempre con sorpresas. En una tarde de torería siempre encuentro el reflejo de la vida, el azar, el supuesto destino y el aferrarse a la vida, en una lección incomprensible que aunque para muchos sea insana, termina siendo un desfogue inefable.

Y como habrán notado, personalmente me identifico con el toro, llevando este acto a una metáfora cruenta: Soy la bestia ante la espada de su indiferencia, que sigue –aún si se le acaban las fuerzas– a la muleta de sus mentiras y de sus juegos, soy el que lleva a cuestas las banderillas de sus falsas promesas, y quien es capaz de soportar las distancias como una puya que da barreno y cala con el tiempo. Pretendiendo morir de pie, como siempre, a la entrega de sus pases, dándolo todo como siempre estuve dispuesto a dar. Y así he de acabar, así me matarán y así morirá por fin este sentimiento indebido e incapaz, para luego ser aplaudido y reconocido post mortem, cuando me digan: “fuiste una gran pareja pero se acabó”

Liniers: No sos vos, soy yo... ¿Sabés?

Liniers: No sos vos, soy yo… ¿Sabés?

Conclusión:

Una vez dicho todo esto, repito que no me interesa debatir si las corridas de toros están bien o deben acabarse, simplemente recalcar el hecho cíclico del fin de una relación en esta metáfora, una ‘tradición’ que siempre encuentra nuevas formas pero que en el fondo sigue siendo lo mismo: La muerte de un amor. Diferentes plazas, diferentes toreros. Es un hecho que me obliga cada vez más a proteger un corazón que por darlo todo entendió lo que es el sacrificio y el final, para recordar que todo empieza con un quiero sentarme contigo y hablar…

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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Una respuesta a Descarga III

  1. carlos jauregui dijo:

    Me ha encantado este post! Aunque tb me sirvió para darme cuenta de otra diferencia entre nosotros. Yo me identifico con el torero, pero el resultado final es el mismo

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