Cuento de hadas

¿Cuándo perdí la capacidad de soñar?
¿Dónde quedó esa magia que me blindaba ante los problemas?
La inocencia, la fe y una fortaleza extraordinaria
¿Dónde está la Luz de la Luna en estas noches sin sentido?
Liniers: Clementina viene y dice cosas... -Papá... ¿Querés jugar? -Bueno. -Dale... vos sos el papá y yo soy la hijita.

Liniers: Clementina viene y dice cosas… -Papá… ¿Querés jugar? -Bueno. -Dale… vos sos el papá y yo soy la hijita.

Siempre hay una etapa en la que el dolor y los miedos nos hacen blindarnos, escondiendo esa parte soñadora e invencible, llena de ilusiones, seguridad en uno mismo y valoración propia. Bajo la cortina de la madurez nos solemos presentar serios, como grandes empresarios que no son más que marionetas de un sistema que exprime nuestros mejores momentos, bajo la excusa de la felicidad como competencia entre nosotros. Con el paso -y el peso- de los años, nos olvidamos de aquellos cuentos y esa fortaleza física y mental que de pequeños todos podíamos explotar. Muchas veces me he preguntado, ¿por qué no vivir con la simpleza de un dibujo hecho con crayolas de colores pastel?

Un tarde, estando en paro, decidí ponerme a escuchar ese disco que compré para ti mucho tiempo antes de que llegaras a este mundo. Y me dejé llevar por la ilusión de compartir toda una vida contigo. Preocupaciones enterradas bajo el aprendizaje en simultáneo: Tú me regalas, con tu inocencia, una segunda oportunidad de cara a los sueños y, con ello, el empleo más noble del mundo: la paternidad; mientras que yo lucharé para que incluso, cuando no pueda estar cerca, sientas que estoy allí contigo. Todo lo que había guardado lo descubriremos como un gran tesoro enterrado en el patio trasero, que ni si quiera tu mami pudo desenterrar: Viviendo la magia de ser un niño otra vez para luego ser simplemente aquel superhéroe de historias que nos inventamos para reír, soñar, dormir y volver a empezar.

Las cosas simples, entonces, son las que día a día me llevo de ti y que había olvidado. Allí estaba la clave: celebrar el primer paso, la primera palabra, el aprender a manejar bici, el primer sobresaliente. Y a no desanimarse por los errores; reconociendo con humildad que todos hemos pasado por eso, que –en mi caso- no soy un gran ejemplo ni un modelo a seguir, sino que tengo en mi hoja de vida, tal vez, un manual de lo que no se debe hacer, y no me arrepiento. Ahora es cuando entiendo que ese límite -impuesto por esta sociedad y sus rutinas- fue derrumbado el día en que me di cuenta de que todo lo que tengo que hacer será siempre por ti. Volver a ser un niño para ser así el más grande de los adultos, sin necesidad de un cartón que ponga mi nombre ni una cuenta en los bancos suizos. A arriesgarse entonces, ignorando el peligro pero sin olvidarse de la realidad, nuestra realidad.

Liniers: Plus de la infancia: ignorancia del peligro

Liniers: Plus de la infancia: ignorancia del peligro

Conclusión:

Aprender a arriesgarse a ser un niño otra vez, o al menos, a sacar ese niño más a menudo. El estrés y los problemas que cada quien tiene son solo una pregunta de algebra que podremos resolver. Sin olvidarse de los roles que ciertamente sean esenciales. La felicidad no es un estándar, es una sensación efímera que anhelamos prolongar. Entonces ¿por qué no vivir ocultando el estrés y los problemas? El mundo está al revés. En medio de este desarreglo, no propongo actuar como un reaccionario, sino a no olvidarse de lo elemental, eso que cualquier niño te puede dar como respuesta que nos deja en ‘outside’. Y esto lo podrán ratificar quienes dicen Yo también tengo un hada en mi casa…

PD: Para mi madre, una lectora poco habitual de este blog, una abuela ansiosa de engreír a cualquier criatura: Gracias por enseñarme a amar.

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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4 respuestas a Cuento de hadas

  1. Este post es increíble. Es un cable a tierra en estos momentos en que me lío en búsqueda de trabajo. Me hizo recordar una lección importante que aprendí en Haití. La verdadera felicidad está en las cosas simples de la vida… No se necesita tener mucho dinero, solo hacer cosas con amor y se podrá ver la verdadera felicidad

  2. Dessjuest dijo:

    Me gustó, esta y alguna entrada más que he podido leer, me compro entrada 🙂

    Saludos.

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