No

Tú y yo, tras mucho tiempo evitándolo
cualquier excusa para juntarnos
una sola oportunidad para amarnos,
sin embargo, ya estabas estropeándolo

Severi – De los creadores de “Estoy Confundido” y de “Quiero encontrarme a mí mismo”, llega: “sos demasiado para mí”

Éramos unos chiquillos y no teníamos ni idea de lo que realmente hacíamos, excepto sí, de que nos buscábamos constantemente para pasar la vida como quien va al parque de diversiones. Solías entenderme mejor que nadie, ser esa fuente de inspiración que alimentaba mi voluntad y, preso de mi libertad, elegía volar hacia ti como un ave adiestrada, como quien busca refugio de un mundo que recién empezaba a descubrir, lleno de egoísmo y soledad. Tú me ofrecías volver a ser un niño, esa ternura era mi válvula de escape. Yo te ofrecía la seguridad de los que te dan su palabra y, con ello, te dan su vida. Sin embargo, la historia nos diría como en los juegos de Mario Bros: Time’s Up, Game Over.

Las personas de nuestro alrededor veían con recelo nuestros pasos, no confiaban en una amistad tan fuerte sin que existiera otro deseo mayor que mancillara la pureza de la que podíamos jactarnos. Misteriosamente, el tiempo y nuestras diferencias se encargaron de distanciarnos, llevándonos a ser esas paralelas que van muy juntas y que, tal vez, en el infinito, pudieron haberse cortado. No fue así. Nuevos personajes y más barreras se opusieron a que podamos arriesgar eso que ambos ocultábamos ¿Acaso tenía que quedarnos esa interrogante? ¿Pero, qué pasaría si…? Yo empezaba a desnudar mis intenciones y tú te dedicabas a vestirlas, ignorarlas, y rechazarlas con una sutileza que no se inmutaba ante el más mínimo acercamiento. Eran tiempos distintos, en los que tocar tu mano era algo inalcanzable, tanto así que la primera vez que lo hiciste sentí que habías completado un espacio de mi alma, en este puzle que aún sigo completando.

Liniers: -¿Puedo sentarme al lado tuyo? -Sí

Liniers: -¿Puedo sentarme al lado tuyo? -Sí

Y cuando llegó el momento de atrevernos, después de la colisión solo hubo un último pase, cual torero me citaste con la muleta de tu indiferencia, alegando no ser la persona adecuada, en ese guion perpetuo que marcaría el resto de mis días. Después de tanta lucha me dijiste que no, grabándome el cruento sabor del rechazo, sin mayores argumentos más que el miedo y la carencia de sentimientos. Y yo, actuando como el animal que soy, me aquerencié, para preguntarme ¿qué hice mal? Y dejaste que el tiempo hiciera que yo doblase para atribuirte mi muerte, agónica y, desde tu lado, merecida. Pasando así a formar parte de tus recuerdos mejores mientras que yo intentaba sanarme en soledad y en esa entrega que, hasta hoy, no logras entender. Y fue aquel estoque bendito el que me hizo tanto daño y tantos favores a la vez, y que me recuerda que aunque pueda sufrir todos esos golpes, siempre volvería a levantarme sin saber por qué.

El tiempo y el silencio hicieron que recuperásemos las lenguas; tu terquedad y mi imposibilidad de decir “No” hicieron que experimentásemos de un reencuentro, el primero de tantos. Y, aunque repetía la frase “Perdono pero nunca olvido” tratando de salvaguardar ese orgullo del que me jacto, terminé entregando una segunda oportunidad. La experiencia se encargaría de decirme qué personas merecen ser recuperadas por ser importantes y quienes simplemente deben dejarse ir. Sin embargo, bajo ese estigma, aprendí también a victimar con el mismo garrote pero con una sinceridad más afilada: Sin silencios, sin misterios. El intrigante acabaría siendo un vengador que, en soledad, mataría sin reparos a quienes se acercaran para pedirle una chance. Una lección deformada por una necesidad clara: hay un momento para cada uno de nosotros en la vida de los demás, no insistir.

Liniers: Me parece que no estamos en el mismo lugar emocional... ¿sabés?

Liniers: Me parece que no estamos en el mismo lugar emocional… ¿sabés?

Conclusión:

Si bien el rechazo duele y genera bronca, la lucha por revertir esa sensación con nobleza y humildad permite depurar esa actitud de niño engreído que hace pataletas por no haber obtenido lo que quería. Sin embargo, incluso si se lograse desactivar la bomba y reconciliar a ambas partes, no sería nunca justo actuar como si nada hubiera pasado, pues esa magia en cualquier momento reaviva el fuego que, tiempo atrás, pudo haber sido y nunca fue. Recuerdo que aquella vez pasé mucho tiempo haciéndome preguntas desde el ostracismo, acostumbrado a esa persona. Ya sin aquella desesperación producto del dolor y de la soledad, lo único que me quedaba por dentro era esa nostalgia, común a todas las que desarrollo hasta hoy en diferentes momentos, y que me hacía recordar que podíamos reírnos de cualquier cosa pero, ahora, estoy completamente solo…

Dedicado a esa persona que habiéndome dicho que no, abrió las puertas para tantos síes hasta hoy…

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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10 respuestas a No

  1. xsolotuyox dijo:

    Gracias… En partes me encuentro en tus palabras! Un saludo

  2. No lo olvides, cuando una puerta se cierra, se abren muchas ventanas…

  3. Ava Maof dijo:

    ¡Qué bello final! 🙂

  4. Pingback: No | traficodeletras

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