Marionetas

Una cita distinta, de deseo inextinguible y complicidad tácita.
Tenías control sobre mi mirada y yo sobre tus movimientos.
Un enlace complementario y volátil, que hacía volar todos los sentidos,
la excitación de dos cuerpos fusionándose sin importar lo demás.
Montt - Para serte franca, no sé cuántas reglas morales, éticas, religiosas, sociales, militares e incluso lógicas acabamos de romper. Pero estoy segura que no son pocas

Montt – Para serte franca, no sé cuántas reglas morales, éticas, religiosas, sociales, militares e incluso lógicas acabamos de romper. Pero estoy segura que no son pocas

Estábamos en ese límite demarcado por la curiosidad y las ganas de perdernos entre nuestros cuerpos. Ninguno de nosotros mostraba oposición ni compromiso serio; o tal vez sí, pero yacía oculto para no inhibir un deseo acumulado por las pláticas continuas y las señales de dos cuerpos que pedían a gritos ser explorados. No era un territorio nuevo para mí y, sorprendentemente, parecías tener dominio pleno de este juego, ya que con destreza te acercabas para sacarme de mis querencias, llevándome a un espacio en el que pudieras develar mis torpes movimientos como intentos de querer llegar más lejos, dejándome en evidencia. Pero, nadie sabe para quién trabaja, pues al forzarme a dar el primer paso, bajaste la guardia y con ese atrevimiento, sentenciaste a tu cuerpo en favor del mío…

Los besos pasaron con urgencia de la ternura a la pasión, no había tiempo que perder al parecer. En sincronía, la desnudez llegaba a tu piel como un acto de magia que deleitaba mis sentidos. Con cadencia, la suavidad se tornaba en intensidad; así avanzaban unas manos que deshacían cualquier indicio de atadura: botones y broches, atemorizados ante el paso de un gigante de liberación, que acariciaba todo como si fuera un tesoro aquel cuerpo que, hasta hace poco, era una curvatura de misterios. Un instrumento perfecto para el que esas manos habían sido instruidas. El dulce deber de sacar melodías entre silencios y suspiros, de vibraciones y gritos, de descontrol, de entrega, de posesión desmesurada. Y como acordes de placer, la humedad, la lujuria y la entrega, incendiaron lo que quedaba de pudor. Sin restricciones, me dejaste vencer aquellos tabúes para así satisfacer cada espacio que ni si quiera habías descubierto en tu cuerpo. Así empezó el recital, lo impensado, lo que fue tantas veces prohibido, lo que tantas veces terminaríamos repitiendo como una solemne costumbre, de valentía y complicidad.

Ante tanto juego previo, necesario y hasta exagerado, tomaste ventaja nuevamente para premiar la osadía, quizás también para elevar la apuesta. Y sin indumentaria alguna, excepto tu cabello convertido en una selva: guiaste mi mirada felina, la que tanto efecto causaba en ti, hacia un paisaje de caricias en tu propia piel, una aventura propia que me excluía y me dejaba como espectador de un florecer, una invitación a saciar así mi sed, exigiendo que escoja el mejor momento para contraatacar, o simplemente tu permiso para despegar. Supiste, desde entonces, que para mí, el mayor placer nunca era el propio, sino el lograr verte totalmente complacida. Y, bajo esa condición, la escena quedaría para siempre sometida a tus puntos suspensivos, a esa terca y deliciosa voluntad de seguir, y a esa adicción que sería para mí verte casi inerte…

Emmanuelle Arsan - El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible.

Emmanuelle Arsan – El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible.

Conclusión

Muchas veces creemos que la pasión nos conducirá solo por el camino errado y restamos credibilidad a esas experiencias que podrían no solo enseñarnos sobre nosotros mismos, sino también sobre quienes realmente podemos llegar a ser. Solemos engañarnos, evitar deseos, decir “yo nunca” y finalmente caer en la trampa, morder la manzana que, según nos hicieron creer a algunos, conduce al pecado. Pero el pecado hoy está en no conocer nuestros cuerpos y nuestros verdaderos deseos. Más allá de la responsabilidad que implica tener una vida sexual activa, la labor de quien se dice maduro es reconocer su función, sus fortalezas y debilidades, y sus límites. De ese modo, estar listos para decir con seguridad: sé que te excita pensar hasta dónde llegaré…

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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6 respuestas a Marionetas

  1. Félix dijo:

    Excelente relato y reflexion. Felicidades, gracias y un abrazo.

  2. ¡! Apasionante entrada!! me encanto porque la vivo en carne propia, pero hay dos cosas que aun no he vivido, la primera: acercarme, lo mas que se pueda a ese punto en donde en verdad se quien soy ….si en verdad me dejaría llevar por todas las sensaciones fuertes que el provoca en mí, además del gran amor que le tengo, y la segunda: evaluar a fondo bien, ese concepto que dices sobre una vida sexual activa, porque yo tengo una idea amplia y diferente sobre el sexo y a raíz de ella, para poder vivir esa idea, contradictoriamente no puedo vivir el sexo como lo hacen los demás…o tal vez sí, pero no ha sido mi decisión hasta el momento.

    • PaoloCesare dijo:

      Lo importante es que te hagas preguntas. Ya el tiempo y tu propia voluntad te hará tomar decisiones. Lo de atreverse a vivir más de lo que uno cree que puede hacer llega con el acumulado, con la voluntad de los que supieron esperar, los que necesitan el momento justo. Pero después de eso, todo se convierte en ‘preciso’ ;). Y sobre la idea de la vida sexual activa, es simplemente la decisión de ser responsable, contigo misma y con tu pareja. No hay mucho en ello, solo ‘a cuidarse’ y a disfrutar 🙂 Un abrazo.

  3. vickycka dijo:

    Wow! excelente y tienes toda la razón, nada como la responsabilidad y lo bueno de conocerse a uno mismo!!!

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