Almohada

Por aquellas veces en las que desperté abrazando a la almohada.
Por aquellos ‘te quiero’ que quisieron ser algo más y no pudieron.
Por ese cariño que podía con todo, sin peros ni reclamos.
Por la voluntad, por la espera, por la inocencia, por la demencia.
Por ti, por tu revolución, por el reencuentro, porque estás adentro.

Anónimo: Hasta que no sanes tu relación con la persona más importante en tu vida (tú mismo) no sanarás tu relación con los demás.

Anónimo: Hasta que no sanes tu relación con la persona más importante en tu vida (tú mismo) no sanarás tu relación con los demás.

En las relaciones, el tiempo es necesario en el principio pero cruel en los finales. Al empezar una relación, el tiempo nos permite envolvernos en una ilusión parsimoniosa, llenos de suposiciones positivas y juegos compartidos, y tenemos la disposición de hacer detalles innovadores, creativos y alocados. Parece que incluso vamos en cámara lenta, disfrutando de esa felicidad implícita en cada instante con esa persona. Está claro, el amor lo emboba todo. Por otro lado, al terminar una etapa sentimental, el tiempo se convierte en un celador implacable que parece colocarnos recuerdos y huellas de un pasado inapelable, lacrimógeno, del que no podemos escapar, y avanzamos con la misma parsimonia que un día nos hizo flotar y que ahora es brutal. El tiempo en soledad es más peligroso, y muchos le temen.

Liniers: -¿Adónde se va el pasado? Vivís y hacés un montón de cosas y pasan. ¿Adónde van? –No sé, pero allá viene el futuro y parece que viene apurado. No creo que podamos pararlo… ahí viene. –Madariaga, un poco menos existencial, aprovecha el presente al máximo.

Liniers: -¿Adónde se va el pasado? Vivís y hacés un montón de cosas y pasan. ¿Adónde van? –No sé, pero allá viene el futuro y parece que viene apurado. No creo que podamos pararlo… ahí viene. –Madariaga, un poco menos existencial, aprovecha el presente al máximo.

Parte de la vida es aprender a “dejar ir” así como también lo es aprender a “dejarse llevar”. Ambos momentos deben ser asimilados en dosis parecidas. Se debe ser lo suficiente soñador para creer nuevamente y tener la esperanza de que no saldremos heridos (al menos no letalmente); y del mismo modo, estar convencidos de que lo pasado fue necesario y justo, que no podemos retener más a aquella persona y que la felicidad, probablemente, tenga una firma distinta, quizás solo la nuestra. En transición, esperamos que ese tiempo cure nuestras heridas sin quizás darnos la oportunidad de ser nosotros mismos quienes hagamos algo por nuestro propio camino, como si un todopoderoso tuviera también que decidir por nosotros. Qué fácil sería vivir…

Al final del proceso solitario, si hemos sido capaces de asimilar las lecciones y llegar a ese balance, si ahora somos capaces de mirar atrás y sonreír así como mirar hacia adelante para soñar despiertos. Si hemos vencido la depresión y la soledad hoy no es más que un trampolín para hacer lo que siempre quisimos hacer, en el que la libertad responsable nos lleva por caminos nuevos, arriesgados y distintos. Entonces ya estamos listos para reconocer que la perfección de una relación no se construye en la otra persona, sino en que nosotros estemos completos, armados y preparados por dentro y por fuera. Con nuestras locuras y disparates, dispuestos a compartirlos. Solo así, con la mente abierta y el corazón a la escucha, podremos sentir que es el momento de volar acompañados.

Anónimo - No necesito una relación perfecta, solo necesito a alguien tan raro como yo

Anónimo – No necesito una relación perfecta, solo necesito a alguien tan raro como yo

Conclusión

La soledad no es mala, pero tampoco debe ser nuestra única compañera. Si hemos podido sobrellevarle antes y hemos ampliado así nuestra zona de confort, ¿Por qué atarnos a una vida de falsas compañías en lugar de buscar estar bien, al menos, con nosotros mismos?  Vivir el momento, el presente, sin importar que amanezcamos abrazando a la almohada. La soledad es clave para reconocernos, para saber lo que realmente queremos, para tenerlo claro. ¿Y si no somos los únicos en ese proceso? Me parece que por ahí hay más corazones rotos en el mundo que no pueden ser reparados, abandonados sin atender: ¿Qué podemos hacer?

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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5 respuestas a Almohada

  1. elicabeza dijo:

    ¿Dejar ir y dejarse llevar, la piedra angular de la felicidad con uno mismo?

  2. jagxs dijo:

    La soledad y el silencio son un bien remedio para el alma. Un alma tranquila es capaz de perdonar y personarse, fundamental para vivir en armonía ya sea solo o en compañía.

    Gracias por este post.

  3. Excelente, sabes Pablo, llega el momento en tu vida en que descubres que realmente jamás has estado a solas contigo mismo, lo irónico es que intentamos huir de la soledad y aunque estemos rodeados de mucha gente nos seguiremos sintiendo solos, cuando en realidad uno entiende y vive una verdadera soledad acompañada solo por ti al menos por un tiempo, o por ciertos periodos en tu vida, las cosas que uno descubre son magníficas, al no tener la mente ya tanto tiempo enfocada a el exterior, sino puesta en nosotros, empieza todo un viaje de autodescubrimiento, hay tantas cosas por hacer primero con y por nosotros antes que como los demás, el solo hecho de parar un día y dedicarnos a observarnos en todo momento, conocer mas de nosotros mismos, amarnos…luego si que venga la compañía y creo que también estaremos de nuevo listos para seguir amando a otras personas con nuestra mente, cuerpo y alma, porque la vida amerita que nos amemos en primera instancia, como esperamos que nos amen a fuera, como soñamos amar tal vez a alguien. Se empezara a ver resultados excelentes cuando en verdad empezamos ha hacerlo. un abrazote! Tqm. 😀

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