Dispara

No puede ser rencor pero tiene que ver.
Por tanto dolor causado sin previa notificación.
Por el reemplazo, por el desplazo, por cortar el lazo.
Por haber usado de trampolín toda mi ilusión.

Andrés Caicedo - Infección - La odio a ella por no haber podido vencer a su conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero, muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso, la odio porque me originó un problema el verraco y porque siempre se iban con mis palabras, mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

Andrés Caicedo – Infección – La odio a ella por no haber podido vencer a su conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero, muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso, la odio porque me originó un problema el verraco y porque siempre se iban con mis palabras, mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

A veces las cosas no salen como las planeas, lo ‘eterno’ se puede transformar en ‘efímero’, las anécdotas añejan como el vino con el tiempo -pero no se olvidan-. La tempestad y ese inmenso océano entre los dos se pueden reducir a una simple cortina ilusoria. Y bastaría incluso una palabra para cruzar esa supuesta estrecha franja divisoria, tal vez una señal o una mentira, algo que nos diga que está bien atreverse, aunque sea solo por un día, a hacer lo indebido. A veces no nos atrevemos, por miedo o por orgullo, tal vez sea lo mejor. Otras veces nos es indiferente la razón y desnudamos el sentimiento. De cualquier modo, perdiendo habremos ganado, así es siempre en el juego del amor.

Que triunfe el atrevimiento para que no haya arrepentimiento, y tras tanta ilusión nadie nos podrá negar que hicimos lo correcto. Si era con la persona adecuada o si era el momento oportuno, eso lo dirá el tiempo. Podríamos ganar, podríamos tener fortuna como en la ruleta o el bingo, así, apostando por quien nadie quisiera creer. Pero este no parece ser el billete ganador, ¿en qué fallamos? ¿Por qué tan pronto? Como un accidente de la NASA, tras el despegue esto se convirtió en un siniestro espectáculo aéreo. Y toca seguir mirando al cielo, buscando respuestas, sin suposiciones ni especulaciones, sin más ataduras, sin remordimientos.

Y aunque nos hayan dejado una espina, un adiós inconcluso, un adiós de puntos suspensivos, de película hollywoodense de bajo presupuesto; así, en esa situación indeterminada, en ese estado plasmático, quizás indeterminado, de dulzura que se niega a morir y de orgullo que se niega a humillar. ¿Qué más podemos hacer? No nos corresponde corregir a la otra persona, pero sí rectificar nuestro camino y seguir adelante. ¿Para qué desgastarse entre la pérdida de amor propio y la no comprensión? Hasta para estos pseudo-amores, dejar ir es una opción de gratitud y de sabiduría. Así evitamos algo para lo cual realmente no estábamos hechos.

Liniers – Un amor prohibido. Años más tarde…

Liniers – Un amor prohibido. Años más tarde…

Conclusión

Hoy es uno de esos días en que podemos reconocer que habiendo hecho las cosas a nuestra manera, por el pasado y por el presente, el resultado final no está mal, pues siempre será positivo -lo ratifico- cuando haces algo con el corazón. Pero en esa entrega también toca esperar el eco, la respuesta similar, a la altura, que con suerte debería llegar. A veces nos llega y todo es felicidad, sin embargo, como dicen, hay días en los que no hay fortuna: ♫Que mala suerte en el amor ni buena suerte en el juego. Y si al final lo que hay que vivir, lo que hay que soñar hay que vivirlo, te vuelvo a dar las gracias…

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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8 respuestas a Dispara

  1. Hay cosas excepcionales en las que por más que se quiera predecir a corto, mediano o largo plazo, por más que se quiera decir, parecieran tener vida propia y sobrepasan todo, realmente solo el tiempo hablará…Como siempre, me encantó tu entrada! Un gran abrazo!

  2. “De cualquier modo, perdiendo habremos ganado, así es siempre en el juego del amor.”…..¡¡¡ Genial !!! Me encanta!! Esa serie de tus entradas es impresionante o porque coincide con mi estado emocional o porque tu pasas cierto periodo sentimental. Pero da igual la causa. Sigue…es un placer leerte. Gracias!!

  3. PaoloCesare dijo:

    Debo confesar que a veces solo recojo lo que me rodea, y lo interiorizo con tanta empatía que lo hago mío, y allí luego está el problema, porque sale esta serie de publicaciones delicadas… que uno luego termina en estado de fragilidad. Un abrazo, muchas gracias por seguirme y comentar!

  4. Ava Maof dijo:

    Qué grande ese Chico Trujillo!!! 😉

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