La última carta

Si estás en un mundo que parece no entenderte,
si todo alrededor ha cambiado y no te encuentras más,
si todo lo que diste nunca fue suficiente, si te exiges al extremo.
Si al final queda tu corazón rodeado de preguntas sin ninguna clave.
Muestra ante ti mismo tus miedos y no dejes que te gobiernen otra vez.

Liniers – Somos 7000.000.000 de personas… No empujen.

Liniers – Somos 7000.000.000 de personas… No empujen.

Es un día de esos en los que te sientes un indicador más, trabajando al igual que otros números que intentan crecer en favor de alguien que poco parece entenderles. Es un día en el que por más que luchaste por cambiar, te quedaste allí, estancado mientras todo lo demás parece girar y avanzar. Uno de esos tantos días en los que si desapareces nadie se preguntaría dónde estás, ni tampoco te importaría si quiera, porque mañana tocará ir a poner cara de que “aquí no pasó nada” y sonreír aunque tras el maquillaje se esconda un mensaje claro que pone “escúchame”. Uno de esos días en los que solo toca caminar anhelando tener la fuerza que nos impulse a soñar, otra vez, y tocar así esa ilusión que nos alimentó tantas otras veces aunque nos cueste mucho más.

Montt – Es horrible darte cuenta que tu papel en la vida es el higiénico.

Montt – Es horrible darte cuenta que tu papel en la vida es el higiénico.

Y es en esa revolución de las pequeñas cosas en donde la enfermedad del mundo se manifiesta severamente, minimizándola y destruyendo cada oportunidad de luchar por un sueño. Un mundo rodeado de gente que te hace sentir mal por no lograr ser esa marioneta dispuesta a complacerles, ni si quiera capaz de entenderles o actuar bajo su mismo patrón consumista o alienado, donde prima el coche del año y siempre precede el YO en sus conversaciones. Y es pecado si no usas sus mismos medios ni códigos, si te rebelas frente al sistema que les convierte en superiores, como si se tratase de una guerra de emociones en un mundo al que ya poco pareces importarle.

¿Cuál es el miedo? Tal parece que un mundo lleno de comunicación digital hemos dejado de darle prioridad a lo real, a tener el valor de salirnos de ese lugar que nos enferma y jugarnos la última carta, apostando lo que nos queda. Permitirnos así aspirar si quiera a decir: lo intenté. Emprendedores, capaces de reinventarse, de arriesgar, de ahogar a su modo cada una de sus fobias, de sus inseguridades. Y en soledad, llegar a la respuesta que no será juzgada, sino que será valorada por cada uno como la mejor respuesta en su momento. No se trata de abandonarlo todo ni de escapar, sino de buscarse en el camino como quien busca las respuestas que nadie más nos supo dar, porque estaban dentro de nosotros mismos.

Julio Cortázar – Nunca se me ocurrió ir al psicoanalista; mis tormentas personales las fui resolviendo a mi manera, es decir, con mi máquina de escribir y ese sentido del humor que me reprochan las personas serias.

Julio Cortázar – Nunca se me ocurrió ir al psicoanalista; mis tormentas personales las fui resolviendo a mi manera, es decir, con mi máquina de escribir y ese sentido del humor que me reprochan las personas serias.

Conclusión

Son días así, en los que provoca ocultarse de los demás, hartos de sobrevivir y de no poder disfrutar. ¿Cómo enfrentarnos a ellos? ¿Cómo empezar a ser nosotros mismos? También aparecerán quienes coinciden con nuestros estados, los que nos pueden guiar o simplemente indicarnos por donde ir. En esta seguidilla de batallas no tenemos nada seguro, excepto quizás que nunca habrá sido suficiente… Cuando pienses que has tenido demasiado de esta vida, espera… porque todo el mundo sufre…

Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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3 respuestas a La última carta

  1. Genial como siempre Pablo!! totalmente familiarizada con tú entrada sobre todo para esos momentos en donde me he visto sola y sin nadie que me entienda… un abrazo Pablo!

  2. Edelsteine dijo:

    Hoy es un buen día, para empezar a ser nosotros mismos. Un abrazo.

  3. En ocasiones sí te sientes empujado… y pisoteado, ninguneado, utilizado, cansado, harto… pero ¡qué caray!, nadie nos dijo que esto fuera fácil, así que ¡adelante! 😉

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