Los hombres no lloran

Un final sin culpables, sin heridas, sin respuestas
Un final inesperado, incierto, inexplicable
Un final de esos que no acaban con todo

Liniers 193

Liniers – Tenemos que hablar…

Dejar ir no es un trabajo sencillo, sobre todo cuando vienen las preguntas sin respuestas y no puedes conciliar el sueño ni la paz. Es complicado cuando no logras entender la verdadera razón para terminar un sentimiento intenso y sublime, que a todas luces pareciera no merecer un final así. Entonces, van llegando como rayos las justificaciones y las excusas, explicaciones que hieren más que cualquier verdad porque son, simplemente, especulaciones. Y es que el silencio es estruendoso cuando el corazón demanda una razón. ¿Parece incoherente? No, así son las paradojas de un amor sentenciado a muerte. A lo mejor, quizás, una sola palabra, o un simple hecho, hubiesen bastado para poder terminar con la agonía silenciosa. Un golpe seco, directo y sin vacíos legales. ¿Un estoconazo es suficiente para despedir a quien se ha entregado con nobleza? Honestamente, no. Tal parece que el no tener respuestas hace que mi cabeza comience a generar más preguntas, haciendo que no pueda terminar.

¿Es así de injusta la vida, es así de Injusto el amor? O ¿Es que realmente no fue un amor de verdad? Cómo puedo restarle valor a todas esas caricias, esos detalles simples y sinceros. A tantas miradas de complicidad y de afecto, a esos gestos, a esa preocupación infinita, y hasta a esos celos de broma, a nuestros juegos que nadie más entiende, a esa forma tan tierna de cautivarme. Yo quiero creer que sí fue amor, sin embargo, ha pasado tanto tiempo sin que se pueda justificar el final. Tal vez nunca pueda entenderlo. Lejos, mirando a ese cielo que parecía sonreírme cuando le tomaba de la mano, hoy me resigno a perderla. Mas eso no quiere decir que me he resignado a dejar de amar. Ya no será más mi lugar favorito el estar a su lado, ni sus abrazos serán mi bandera, ni esa maravillosa forma de besar logrará ser mi debilidad. Pero aún podré decir que le quiero hasta que su luz en movimiento se aleje silenciosamente.

Anónimo - Le conté mi pasado, mi presente y mi futuro. Le susurré mis miedos y le grité mis sueños. Le enseñé todos mis puntos débiles. Y se fue.

Anónimo – Le conté mi pasado, mi presente y mi futuro. Le susurré mis miedos y le grité mis sueños. Le enseñé todos mis puntos débiles. Y se fue.

Y es que tal vez estoy loco, lo acepto, no hay manera de que pueda entender este adiós. Ya no hace falta entenderlo. Reconozco que me toca también alejarme y marchar. Ni ella ni yo, ni nadie podrá evitarlo. Es imposible negar el hecho de querer a alguien, aunque esa persona ya no esté más dispuesta a mirarte. Si es que mi mundo no logró ser un mundo para ella, entonces no tiene sentido ya insistir. Pero si es que soy capaz, siquiera, de lograr que alguien me mire y me toque de esa manera que me hizo sentir vivo, entonces podré estar feliz. Voy a estar seguro de que realmente hice siempre todo lo que a lo largo de esta vida se me ha exigido, aunque en realidad he sido yo quien se ha entregado sin que nadie lo haya pedido. Pues aprendí a darlo todo siempre, y más en el amor. Finalmente, el amor puede ser tan sencillo como la simple palabra de un niño o el simple acto involuntario de una madre, y puede despertarse sin pomposas escenas de películas y novelas. Estoy seguro de que podré hacer mil revoluciones más por todo lo que he sentido, y moriré una vez más esta noche para volver a sentir mañana.

Severi - Cada estrella es un recuerdo.

Severi – Cada estrella es un recuerdo.

Aún no estoy listo para avanzar, sé muy bien que no soy de los que olvidan. Pero sí tengo claro que me toca brillar nuevamente, tanto como el día en que te fijaste en mí, o quizás más. Y ese día espero que también seas feliz, más feliz de lo que pude haberte hecho sentir. Por ahora, en este infierno, intento soñar con mi renacimiento. Mi corazón canta en silencio: ♫ Escucho el eco de su voz, hay un reflejo extraño en el cristal. Me dejó sin corazón, me dejó sin esperanza. Me dejó marchar hace mucho tiempo…

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Acerca de PaoloCesare

Calmo, analítico, consejero, buen compañero, gran amigo (eso dicen, no les crean). Me atrevo a escribir para compartir y aprender con Uds.
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2 respuestas a Los hombres no lloran

  1. Anónimo dijo:

    Que bella narración además me deja pensando muchas cosas, muy buena 😉

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