El invierno que quiso ser verano

–Estás solo porque quieres.
–Estoy solo porque debo.

Gustavo Adolfo Bécquer – La soledad es el imperio de la conciencia

Gustavo Adolfo Bécquer – La soledad es el imperio de la conciencia

De las sombras y el silencio, la lluvia y las noches largas. Una enfermedad latente y un plan fallido que busca reinventarse para tener éxito -una y otra vez-. El miedo, protagonista, aparece en escena para dirigir la puesta, atormentando cada avance con inseguridad y pesadez, cerrando así los círculos de esperanza e ilusión. La soledad pasa de ser una convicción, el camino seguro para pensar, que, cuando la defensa está baja, se transforma en una prisión embadurnada de baja autoestima y autocensura. Y desde el encierro, el invierno más gélido provoca el anhelo de calor en su interior a partir de cualquier destello. Luz de vida, luz de amor. Siempre luz.

Jaime Sabines – Quiero hablar sobre el frío: el frío es bueno para tomar café, para acostarse, para hacer el amor, para que nos digan "tienes las manos frías", para fumar y para no salir del cuarto.

Jaime Sabines – Quiero hablar sobre el frío: el frío es bueno para tomar café, para acostarse, para hacer el amor, para que nos digan “tienes las manos frías”, para fumar y para no salir del cuarto.

Nadie parecía entender ni su soledad, ni sus palabras enredadas. Le costaba mostrarse como tal en un lugar repleto de ojos que juzgan a cualquier entidad con discurso libertario, por lo que reprimía sus pensamientos antes de enfrentar el rechazo. ¿Para qué perder el tiempo? Si al final del día, nuevamente, estaría acompañado únicamente de sí mismo, y estaba bien así. Pero deseaba encontrar un espacio para él, encontrándose en una lucha épica contra sus propias convicciones. Estaba seguro de que en algún lugar podría sentirse cálidamente acompañado. Incluso si, tras varios años sin suerte, apenas pudo haber probado en el amor aquello que muchos celebran bajo la promesa de “para siempre”. Entonces vio la luz en una de sus travesías.

Salir a buscarse era su motor, ya sea en caminatas o viajes extensos. En ese andar encontraba gente que incluso, hablando un idioma distinto, parecía entenderle mejor. ¡Alienación bendita! ¿Qué es lo que hace que en ese lugar nuestro no nos sintamos tan en casa como estando afuera con seres ajenos? ¿Son las personas? Lo distinto es que se trata de aquello que le atribuimos a estas nuevas personas. Oportunidad, ilusión, seguridad, sinceridad. Bajamos la guardia y nos relajamos, esto nos hace ver con otros ojos. Algo que no hacemos en lo cotidiano por vivir alarmados. El invierno que quiso ser verano, en días espontáneos, por fin lo logró. Y al volver a casa, prometió escuchar con el corazón desnudo, derrocando el impero del miedo y de la falsa timidez.

Liniers – A veces, la timidez, es una caja. Una caja fuerte.

Liniers – A veces, la timidez, es una caja. Una caja fuerte.

Hay que atreverse a salir de la inercia, hay que dar más. La apuesta alta, incluso, en la derrota, habrá significado una gran victoria. Arriesgar en el amor será siempre ganar. Ganar no quedarse con la interrogante, ganar una oportunidad nueva. Así pasa en la vida, entre emprendedores y soñadores. En la soledad, amor propio; y en pareja, lo incondicional. Y aunque muchas veces pensamos que es fácil de entender, hace falta tener el valor y dejar lo evidente detrás, para decir “te quiero” sin ningún reparo. Y mientras escribo estas palabras pienso en todas esas personas a las que dejé ir porque no pude enfrentar con la verdad, y las recuerdo con esta estrofa: El día que el presente ya sea historia y las aguas se nos calmen de una vez, entenderás en mis silencios tantas cosas, las que ahora escribo cuando no me ves.

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Sin parar

Atreverse a cruzar tu frontera sin documentos,
atreverse a lo prohibido, trillada realidad.
No hay mayor seducción que una boca que besa de verdad,
esa que en su avance nunca encuentra impedimentos.

Montt – Buenos días, princesa. No hay razón para poner esa cara. Es que sin la coronita y con dos copas menos en el cuerpo, cambia la cosa

Montt – Buenos días, princesa. No hay razón para poner esa cara. Es que sin la coronita y con dos copas menos en el cuerpo, cambia la cosa

Eran dos almas dispuestas a todo por encontrarse, ignorando las distancias y las reglas de una sociedad cucufata. Desinhibidos, creyendo ser los dos únicos seres del planeta, sin historias ni arrepentimientos, pasaron de compartir sonrisas a realizar sinuosos movimientos que invitaban a juntarse cada vez más, como si no hubiese mañana. Dejaron en el suelo cualquier resto del pasado que pudiese representar alguna atadura, así como sus atuendos, desbordados por el simple deseo de entrega y seducción. Era un juego que se tomaron muy en serio desde el primer momento. No eran novatos en estos menesteres, pero este era un escenario distinto, una oportunidad de encontrarse reflejados el uno en el otro, como si sus manos hubiesen sido talladas para no soltarse mientras sus cuerpos se fundían en pasión.

Sed inacabable, bendita sed. Una feroz adicción al placer de los sentidos, en todos los sentidos, como si se tratase de un descubrimiento vital el hecho de recorrer los cuerpos y explorarlos profundamente. El tiempo se convierte en enemigo cuando los minutos se transforman en horas y la noche se despide del sueño. Dos que camuflan, entre sonrisas y estremecimientos, los deseos ocultos que brillan en oscuridad, esperando el mejor momento para exponerlos. Roles predefinidos que se quebrantan en la complicidad del dolor y el placer, como si una sensación llevase a la otra de manera intermitente, rompiendo prejuicios y miedos en cada intercambio. El camino hacia el clímax se hace más delicioso que este mismo por todo lo que representa.

Liniers – La luz se va y la cosa se pone buena.

Liniers – La luz se va y la cosa se pone buena.

Palabras al oído, gritos incontrolables también. El morbo se apoderó de ellos en cada ritual de humedad y fricción de sus cuerpos, convirtiendo cada encuentro en una apología a los orgasmos simultáneos, a la pérdida de la noción del tiempo y de esos estúpidos esquemas mentales y prohibiciones. Prejuicios que no se echarán de menos, que servirán de excusa para vencerles uno a uno. Y en este lado salvaje, la dominación cala hasta en la mente, en donde el placer puede volver inesperadamente como cada encuentro. Un hechizo peligroso que invita a volver a caer, y a caer más al abismo, más allá de los sentimientos, allá donde apenas se distinguen los apetitos y se está bien, y la curiosidad gobierna con sed de más.

William Osorio Nicolas – Sujeto a Sujetos – "Te besaré la frente y no los labios para que sepas que beso tus sueños, tu imaginación y tu intelecto. Cuando bese tus labios sabrás que estaré apelando a tu cuerpo, solicitando consumar el deseo que nos desborda y la pasión que deja a nuestras almas sin aliento."

William Osorio Nicolas – Sujeto a Sujetos – “Te besaré la frente y no los labios para que sepas que beso tus sueños, tu imaginación y tu intelecto. Cuando bese tus labios sabrás que estaré apelando a tu cuerpo, solicitando consumar el deseo que nos desborda y la pasión que deja a nuestras almas sin aliento.”

Adictos a las noches no casuales. El sexo como una expresión artística de dos que se quieren, aunque no se entienden, y que encontraron el medio perfecto para comprender que el fin de sus miedos es la cercanía sin paranoias ni persecuciones del pasado. Noches que gritan por más, como testigos de la pequeña muerte, un crimen perfecto es llegar al límite de los cuerpos y excederlo. De sus manos haciendo de las suyas sin importar el lugar, y de su boca expresando lo que jamás se atrevería en sobriedad, elevando la temperatura con miradas que lo dicen todo en silencio: ambos sabemos que las noches principalmente fueron hechas para decir cosas que no puedes decir mañana por el día

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Póstumo

Lo que no me atreví a decirte, todo lo que fue…

Liniers – Si sabés como termina la cosa, ¿Por qué seguís haciendo lo mismo? – Optimismo y memoria selectiva.

Liniers – Si sabés como termina la cosa, ¿Por qué seguís haciendo lo mismo? – Optimismo y memoria selectiva.

Apenas le quedaban unos minutos antes de la inminente separación, las palabras precedían una despedida lacrimosa e irremediable. La sinceridad de los corazones rotos y la serenidad previa a los espasmos del dolor eran una mezcla letal para un amor cuya esencia se encontraba en la terquedad de los rebeldes, mientras que la llama apasionada que los encerraba no se extinguía, hasta que ocurrió. La distancia y la monotonía ganaron terreno, avanzó la indiferencia y el desinterés nubló los sentimientos. El aburrimiento de quienes antes reían por todo y compartían cualquier cosa sin mirar el reloj, la nebulosa que cubría el abismo de un amor que había nacido para algo más, o, al menos, eso fue lo que siempre quisieron creer.

Ese momento interminable en el que los latidos parecían hablar, mientras que las voces desentonaban y no eran coherentes al expresar los verdaderos sentimientos anidados en el fondo de uno mismo; enajenados, quizás, por la impotencia y el dolor, o por la no tan simple aceptación de un fracaso que invitaba a olvidar lo que se prometió no dejar de lado. La revelación de un camino propio enterrado por habernos entregado sin mirar en nosotros mismos, tal vez, por andar confiados en las promesas de los corazones enamorados inexpertos. El momento de cumplir lo ofrecido: “Cuando el fin represente el inicio de algo mejor será la oportunidad para darle significado al amor, el sacrificio.” El turno de aprender a dejar ir, incluso, sin haber entendido de qué se trataba. Instantes de madurez que luego parecieron disiparse entre las lágrimas, al implantarse el régimen de soledad lleno de nostalgia y de canciones que hasta hoy devuelven preguntas al corazón silente.

Diego Ojeda – "Tampoco busco que entre nosotros se escriba la palabra parasiempre, pero espero que uno de estos días tal vez tropieces con mi ausencia, y decidas llamarme cuando no te esté esperando"

Diego Ojeda – “Tampoco busco que entre nosotros se escriba la palabra parasiempre, pero espero que uno de estos días tal vez tropieces con mi ausencia, y decidas llamarme cuando no te esté esperando”

Como un reclamo extemporáneo, como una reacción tardía. Así llegó entre sueños todo aquello que quizás hubiese cambiado el camino de ambos, un mensaje póstumo que quedó en el olvido y cuya respuesta es mejor dejar a la imaginación:

Quisiera decirte tantas cosas para retenerte, para tenerte un tiempo más antes de que tu ausencia abarque todos los rincones de nuestro hogar. Decirte todo lo que hicimos juntos, evocando recuerdos, alegrías y penas, y todo lo que superamos. Quisiera recordar contigo aquellas cosas que me decías y que iban a ser para siempre. Todo lo que amaba de ti y como fuimos cambiando. Todo lo que dije hasta que me perdí, hasta la distancia y la guerra fría. Entonces, caer en cuenta de que lo único que tengo que hacer es esperarte, pues ninguno de los dos puede olvidar tan pronto. No quisiera aceptar el desenlace sin haberte expresado una vez más todo lo que siento a través de todos los lugares en los que estás para mí, para no dejarte ir.

Gabriel García Márquez – "La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener"

Gabriel García Márquez – “La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”

Después de ti solo quedo ver desde palco tu felicidad y reconstruir mi camino basado en lo que todos dicen que es lo mejor. Estoy seguro de que valió la pena haberte dejado ir porque alcanzaste tus sueños, aunque no estuviera a tu lado para aplaudirte. Sin embargo, no puedo evitar pensar, ya bastantes años después, cómo hubiesen sido las cosas si hubiésemos seguido juntos, y revivir los días después de tu partida: no estoy viviendo, solo estoy matando el tiempo… tus pequeñas manos, tu sonrisa loca felina… solo, no dejes, no dejes

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